lunes, 23 de noviembre de 2015

Capítulo 9 (1/2). FIGHT

El repelente sonido de mi tono de llamada me despertó aquella mañana.
Lo primero que noté fue que tenía la boca seca, pastosa. Lo segundo fue un olor a colonia masculina impregnado en la almohada contra la que apoyaba la mejilla, que por cierto olía genial.
Mientras me centraba en intentar abrir los ojos lentamente y aclarar mi vista, la tercera cosa que noté fue el intenso dolor de cabeza que me nacía detrás de los ojos.
A todo esto mi móvil seguía sonando, pero no pensaba cogerlo. Quien quiera que hubiera al otro lado de la línea me había despertado, y eso era similar a infringir la ley.
Resoplé cuando enfocando la vista lo que vi fue a mi; tirada en una cama con sabanas negras, vestida con una camiseta gris que me venía grande, reflejada en un espejo que había en el techo.
Tenía todo el maquillaje corrido, el pelo hecho una leonera y unas ojeras para mear y no echar gota. Podéis imaginaros mi cara de confusión, monumental. ¿Donde estaba? ¿Y por que esa colonia olía tan bien?
El sonido de mi móvil volvió a llenar la habitación.
Ignorando los pinchazos que me daba la cabeza, me senté en el borde de la cama y cogí el móvil -que estaba encima de una mesita de noche en la que también había un vaso de agua y una pastilla encima de una nota que decía: Te hará sentir mejor" , ¿eh?-
Antes de descolgar, sin pararme a pensar en si me estaría drogando o no, cogí el vaso y me tomé la pastilla sin dejar ni una gota de agua. Y aún así seguía teniendo la boca seca.
Tomando una gran bocanada de aire descolgué sin mirar la pantalla y contesté con voz somnolienta un pequeño:
- ¿Si?
- Cariño, ¿Estabas dormida?
- ¡Papá! - Exclamé. Tremendo error, mi cabeza lo lamentó con creces. - ¿Que hora es?
- Jane, son las tres de la tarde - Nada mas oír la hora mis ojos se abrieron como platos por auto reflejo. Miré la pantalla del móvil para comprobarlo, "15:03" decía. Joder... - ¿Mucha juerga o qué? - Me preguntó burlón.
- Lo normal... - Sin contar con el hecho de que aún no sabía ni donde estaba.
- ¿Y que tal van las cosas por allí, la casa bien?- Preguntó con interés - Sé que sólo ha pasado una semana, pero me parece una eternidad.
- Papá la casa perfecta, no te preocupes - Me levanté de la cama y miré alrededor buscando alguna señal de mi ropa pero nada - ¿Que tal va la nuestra? Espero que no tengas la cocina hecha una mierda - Sonreí sólo de pensarlo.
- Me las arreglo bien... - Lo dejó en el aire. Pues claro que se las arreglaba bien, Marie se encarga de ello.
Marie era nuestra vecina de al lado allí en Sacramento. Divorciada con dos niños pequeños de los que había sido canguro un par de veces. Yo sabía que ella tenía algo por papá desde hace mucho, pero el estaba demasiado ciego para notarlo.
- Oye, ¿Está Aria por ahí? - Me preguntó mientras yo inspeccionaba la sala una vez más. Abrí la primera puerta que vi, el baño - No me coge el móvil.
- Eh.. no - Contesté nerviosa. Mierda, Aria. ¿Qué le decía yo ahora? - Está... duchándose! Por eso no te coge el móvil - Oí a mi padre suspirar al otro lado de la línea.
- Os echo de menos - Susurró triste. Yo también le echaba de menos.
Me senté encima del lavabo del baño hablando con él. Le conté cómo habían sido nuestros días en San Diego desde que llegamos. Saltándome algunas cosas, claro.
Le hablé de Dylan, de Lauren...
Después de casi diez minutos hablando me obligué a mi misma a colgar, tenía cosas que hacer. Una de ellas averiguar dónde estaba y cómo había llegado hasta esa cama que olía tan bien.
Me bajé del lavabo y dejé el móvil encima. Recogí mi pelo como pude en un moño deshecho y me lavé la cara para limpiar los restos de maquillaje.
Hice todo lo que pude por intentar tener un aspecto decente, pero ni con esas. Frente al espejo me dí cuenta de que tenía un pequeño moratón en el brazo izquierdo. Eso no estaba allí ayer.
También fruncí el ceño al ver la camiseta -que claramente era de chico- que llevaba puesta. ¿Quién demonios me la había puesto?
Acerqué mi nariz a la tela para olerla, y entonces recordé algo.
.....
- ¡Estate quieta! - Me agarró con más fuerza por encima de su hombro mientras subía las escaleras.
- ¡Suéltame! - Chillé pataleando sin resultado alguno - ¡Ay! - Me quejé mientras el abría una puerta - Dime que no me acabas de morder.
- No me has dejado otra opción, eres muy resbaladiza. Muy bien, quédate aquí - Me ordenó después de soltarme encima de algo blandito.
- Yo me voy a mi casa - Arrastré las palabras frotando la zona en la que me había mordido, dolía.
- Jane, estás borracha - Me dio la espalda mientras abría el armario - Vas a dormir aquí, y no hay más que hablar - Dijo y me tiró algo que olía muy bien a la cara.
.....
La lluvia de recuerdos me dejó nockeada. Salí del baño sin pensarlo dos veces para llegar a las escaleras -que ya me resultaban vagamente familiares- que había al salir de la habitación.
Se oían ruidos abajo, olía a comida. Joder, mi estómago rugió al instante.
Me guié por los sonidos para finalmente llegar a la cocina y verle de espaldas, con un pantalon de chándal negro mientras cocinaba y tarareaba al suave ritmo del algún clásico del rock.
- Eres un cabrón - Le sobresalté a propósito.
Tyler paró de cantar y me miró por encima del hombro.
- Eh.... ¿Gracias? - Frunció el ceño y volvió a su tarea - Buenos dias a ti también, fiera.
Rodeé la isla que había en medio de la cocina para llegar a su lado.
- ¿Se puede saber qué haces? - Le pregunté cruzándome de brazos.
- Hacernos la comida - Explicó divertido mientras servía lo que fuera que estaba cocinando en dos platos - Te has levantado muy tarde.
- ¿Hacernos? - Dije confundida - ¿Y como...? Eh...Madre mía.
Me froté la frente, tenía demasiadas preguntas y no sabía por dónde empezar.
¿Cómo había acabado aquí?
¿Dónde estábamos?
¿Sabía cocinar?
- Tienes que aprender a relajarte - Me dijo pasando por mi lado sin mirarme, los dos platos de comida en mano, para luego salir de la cocina.
Yo, como no, le seguí.
- Eres un imbécil.
Le miré mientras colocaba los dos platos encima de una mesa equipada con cubiertos y vasos, seguía sin mirarme.
- Y a ti te queda muy bien mi camiseta - Contestó, podía notar su sonrisa.
- ¿Me la pusiste tú? - Dije haciéndome la tonta.
Se dio la vuelta y me miró serio - ¿No te acuerdas de nada? - Me preguntó. Negué con la cabeza - ¿Qué es lo último que recuerdas?
Me lo pensé bien antes de responder.
- Mmm... ¿fuegos artificiales? - Respondí dudosa - ¿Por qué, hay algo que tenga que saber?
- Dime que estás de coña.
- No estoy de coña - Le aseguré.
- No importa, tampoco había nada importante que recordar - Se sentó a un lado de la mesa y empezó a comer. Sin más.
¿Este chico era bipolar? Resoplé indignada recorriendo la sala con la mirada. Aquí tampoco había rastro de mi ropa.
Estábamos en una especia de salón comedor, me fijé que uno de los sofás frente a la televisión de plasma estaba lleno de cojines y mantas revueltas. ¿Había dormido ahí?
También había varias estanterías con video juegos, libros, películas...etc.
Por último, al lado de unas puertas que supuse conducirían a una terraza, había una mesa de ping pong.
- ¿Quieres la revancha? - Interrumpió mis pensamientos al notar que miraba la mesa.
- Ya quisieras - Resoplé con ironía - ¿Me vas a contar qué hago aquí?
- Ya te he dicho que no hay nada que saber - Fue lo único que dijo.
Volví a resoplar y me senté frente a él. ¿Qué? Tenía hambre.
- Dime - Insistí.
- Te emborrachaste y te traje a mi casa por que quedaba más cerca Jane, ya está - Me contestó cortante, mirándome a los ojos.
El ambiente se había vuelto un poco tenso.
Decidí ser madura e intentar tener una conversación normal mientras comíamos.
- Oye, ¿y tus padres? - Pregunté cambiando de tema mientras me llevaba a la boca un tenedor lleno de espaguetis. Madre mía, parecían sacados del cielo, estaban para morirse.
Ty debió notarlo por que se le escapó una pequeña risa.
- Buenos ¿eh? - Me dijo sonriendo - Y vivo solo.
- ¿Solo? - Le pregunté sorprendida - Pero si tienes...
- Diecinueve.
- ¿Del noventa y cinco? - Asintió - Yo...
- Del noventa y seis - Terminó por mí.
- Cómo...
- Me lo dijiste ayer, entre otras cosas - Sonrió de lado, divertido.
- Madre mía... ¿Qué más te dije? - Miedo me daba.
- Nada raro - Me tranquilizó - No para mí.
Levanté la vista y le alcé una ceja. Se levantó soltando una carcajada y recogió su plato.
- ¿Quieres más?
- Por favor.
Y seguimos hablando por casi dos horas. Hasta que me di cuenta de que tenía unas mil llamadas perdidas de Aria en el móvil y me llevó a casa.
Para mi sorpresa, no estuvo tan mal. Tyler podía no ser un idiota casi siempre. Y eso me gustó.
Me contó que estudiaba arquitectura, al igual que sus padres, pero que le admitieron en la universidad gracias a una beca de fútbol americano. Ah, y al acabar el verano empezaría su segundo año de carrera. Pero lo que de verdad le gustaba era dibujar, cosa que me sorprendió aún más.
Seguía notando ese pequeño cosquilleo cuando miraba a esos ojos verdes, pero decidí ignorarlo.
Igual que el hecho de que sí que me acordaba del beso que le dí en la playa anoche. No sé en que pensaba. Escapar del camarero, supongo.
De todas formas no quería que se enterase de que lo recordaba hasta que descubriera qué había detrás de ese ataque bipolar que le había dado antes.

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