Hacía frío. La ventana de la furgo estaba abierta. Mi brazo estaba apoyado contra esta, erizando mi piel debido a la baja emperatura nocturna.
Podía notar la vibración de la música desde aquí, y eso que estaba aparcada casi a la vuelta de la esquina.
La verdad es que no sé como llegué a esta situación. Cómo llegué a permitir que cogiera mi móvil, que me diera una dirección y que nos guiara hacia una fiesta en una casa a reventar de gente para recuperarlo.
Cuando descolgó el móvil me fue imposible no reconocer su voz. Por supuesto que obvió todas mis amenazas para acabar por traerme aquí la noche del día siguiente siguiendo sus reglas, algo que no me gustaba ni un pelo.
¿Sabía que podía denunciarle por todo esto? Robar era un delito muy grave.
Pero gracias al espíritu entusiasta y aventurero de mi hermana estábamos en esta situación.
Esperando en la furgo, dejando que Aria se la jugara para recuperar mi móvil en vez de ir yo, como buena hermana mayor que era.
Se ofreció ella, no me juzguéis.
Ni de coña entraría en esa casa y le daría a ese bastardo la satisfacción de verme seguir sus indicaciones al pie de la letra. Había una cosa a la que llamaba dignidad que tenía bien acoplada a mi sistema.
Después de ver a dos borrachos vomitar en el jardín delantero de aquella casa, estaba empezando a desesperarme, ya habían pasado diez minutos desde que salió del coche y el maldito walkie-talkie no sonaba para avisarme de que había conseguido entrar.
Sí, un walkie-talkie, como si fuéramos crías de cinco años.
Al principio a Aria no le hacía ninguna gracia entrar ahí con eso, pero se le convence rápido. La única condición que puso era usar esos ridículos nombres que ponen en las películas, como si fueras un animal retrasado.
No planeaba entrar a buscarla, ni siquiera me había vestido para una fiesta. Habíamos salido de casa con intención de recuperar el móvil y volver a seguir viendo como el Rey Joffrey* se comportaba como un malcriado. Así que pantalones cortos de chándal grises, camiseta blanca de tirantes suelta y arreglado.
Al final decidí que si iba a estar esperando, mejor esperar bien. De modo que me acomodé mejor en el asiento, lo eché hacia atrás y subí los pies al salpicadero para después cerrar los ojos e intentar respirar hondo olvidándome de aquella situación y relajándome un poco.
Pero fue en vano, ya que casi dos segundos después un pitido procedente del Walkie, cortando el silencio que había en la furgo, hizo que se me disparara el pulso considerablemente.
Lo cogí para contestar, pero la voz de Aria me interrumpió.
- Pájaro llamando a Gorrión Negro - Murmuró gritando por encima de la lluvia, a pesar de que yo la escuchaba perfectamente - Pájaro llamando a Gorrión Negro.
Rodé los ojos y sonriendo apreté el botón para que me escuchara.
- Pero mira que eres friki - Le dije - ¿Lo tienes?
- Negativo, hay demasiada gente. Creo que acabo de ver a.. - Pero se cortó la comunicación.
- ¿A quién has visto Aria? - Le pregunté, pero al otro lado de la línea sólo se escuchaban leves interferencias.
- ¡¿Aria?! - Estaba empezando a ponerme nerviosa.
No contestaba, asi que seguí esperando una respuesta por su parte, pero incluso las interferencias habían cesado.
Rápidamente empecé a pensar en lo peor, ¿Y si se había topado con un borracho y quería forzarla a algo? Vale, no, demasiado dramatismo. ¿Qué clase de hermana era? Había dejado que Aria se metiera en una fiesta plagada de gente borracha y tíos pensando con el pene para recuperar algo mío.
Mi preocupación aumentaba por cada minuto que pasaba sin obtener respuesta. Intenté apretar el botón una vez más y llamarla. Nada.
Al final, obviando mis pintas e ignorando las miradas de la gente que se dirigía a la casa, salí a buscarla.
NARRA ARIA
- ¡Joder, mira por dónde vas! - Le chillé al chico que había hecho que se me escurriera el Walkie de las manos y hubiera acabado en el fondo de la piscina. ¡Ni siquiera se había parado para ver si estaba bien!
Me había quedado tan embobada pensando en si la chica al otro lado de la piscina era la de la otra noche en Stingaree que casi me tiran al agua por empujarme.
Bueno, mejor el Walkie Talkie que yo.
Me agaché ignorando a las pocas personas que me miraban por el grito que había pegado segundos antes y metí la mano en el agua intentando recuperar el aparato. Unos pocos centímetros más y lo recuperaría, esa parte no era profunda.
- ¿Necesitas ayuda? - Carraspeó alguien a mi espalda.
Sin molestarme para mirarle, le contesté.
- Si no tienes una pala, no creo - Le contesté con un tono más borde del que quería. Ya casi lo tenía.
- Si estiras más el brazo se te va a salir el codo.
- Mira - Me di la vuelta mientras me levantaba y le encaraba - ¿Por qué no te metes en tus propios asuntos? - Le observé enfadada.
Era un chico de piel morena con el pelo castaño y ojos a conjunto con bastante barba, de estatura media. Llevaba una gorra verde hacia atrás que hacía que se le viese el pelo revuelto y me miraba con una sonrisa ladeada sin enseñar los dientes.
- ¿Por qué no me dejas invitarte a una copa? - Me preguntó examinando mi cuerpo con la mirada.
- Eso ha sido un pésimo intento de ligar conmigo - Bufé mientras me cruzaba de brazos.
- ¿Quién dice que intento ligar contigo? - Me preguntó aumentando su sonrisa.
Le sonreí imitando la misma actitud chulesca, la verdad es que no estaba nada mal...
- Scott - Nos interrumpió alguien a mis espaldas - Ella está conmigo, creo que Matt te está buscando.
- Tío Brent, me debes una - Dijo Scott mientras se alejaba para entrar en la casa.
Miré por encima de mi hombro para ponerle cara a aquella voz tan ronca.
No puede ser.
En vez de girarme para mirarle, me rodeó para ocupar el anterior sitio de Scott.
- Definitivamente creo en el destino - Me saludó - Sorpréndeme, ¿Qué te trae por aquí?
- Estoy buscando a una persona - Le contesté secamente - ¿qué trae a ti por aquí? Espera, no me lo digas - Le interrumpí antes de que me contestara, a lo que alzó una ceja interrogante - La que vi antes sí era Miss Extensiones y tú has venido con ella.
- Frío, frío ¿Celosa? - Me preguntó divertido.
Resoplé mientras ponía los ojos en blanco.
- Por favor, si ni siquiera me acuerdo de tu nombre.
Mentira.
- Hablando de nombres, no llegaste a decirme el tuyo.
Me quedé embobada mirando la línea de su mandíbula mientras hablaba. ¿Qué había dicho? ¿Mi nombre?
- Eh.. Aria.
- Aria - Repitió sonriendo - Bien Aria, ¿Me harías el favor de dejarme invitarte a una cerveza?
- Pero... ¿Y tu novia? - Le pregunté, acusándole con la mirada.
Brent frunció el ceño.
- Christina no es mi novia, ya te lo dije. Venga - Insistió - Sólo una cerveza, si luego no te diviertes eres libre de irte.
- Iría, pero tengo que encontrar a alguien.
- Oh vamos - Resopló sonriendo, llevando su mano a su pecho - ¿Cuántas excusas me has dado ya? Mi ego no aguantará mucho más.
Me quedé observando alrededor, ¿dónde podría estar?
- Vale - Volvió a hablar Brent - A ver, ¿Cómo es la persona que buscas?
- Mmm es alto, moreno y eh.. muy guapo, supongo - Le indiqué.
- ¿Para qué buscar más si lo tienes delante?
No pude evitar reír ante su comentario.
Solté una carcajada para luego resoplar con cansancio fingido y rodé los ojos.
- He dicho guapo, no te lo creas tanto - Le dije cruzándome de brazos.
La verdad es Brent seguramente sería de los chicos más guapos de la fiesta, pero eso no lo admitiría.
- Vale, mi ego no aguantará otro comentario así - Se llevó la mano el pecho, herido y sonriendo de lado - Venga, estas en una fiesta. Sólo una cerveza, luego podrás buscar a ese chico.
- ¿Celoso? - Le dije del mismo modo que él a mí.
- Ya quisieras - Resopló - Venga Aria, ¿Lo tomas o lo dejas? - Me dijo extendiendo la mano.
¿Y porqué no? Al fin y al cabo estaba en una fiesta. Si Jane quería las cosas rápidas que hubiera venido ella, Aria va su ritmo. Como dice el refrán: Si quieres algo, hazlo tú mismo.
Además, ¿quién podría rechazar a un morenazo cañón que te ruega por invitarte a una copa?
Le sonreí ampliamente, era imposible no acceder bajo la mirada suplicante de esos ojos castaños. Él me devolvió el gesto.
- Sólo una - Le dije y junté mi mano con la suya.
Él entrelazó nuestros dedos y nos guió hacia el interior de la casa, lejos de la piscina en el jardín trasero.
Decir que había mucha gente seguramente era quedarse corto. De no haber estado agarrada a la mano de Brent me hubiera perdido entre la multitud.
Además, en la casa flotaba una nube de humo con un inconfundible olor a marihuana y la música sonaba tan alta que el suelo cobraba vida bajo mis pies. Había gente por el suelo, gente bailando, enrrollándose, fumando, bebiendo.
Para resumir: aquello era un descontrol. Y molaba bastante.
Todo esto sin destacar que la casa era completamente alucinante, no podía apreciarse el diseño interior debido a la cantidad de gente y humo, pero sí lo grande que era.
Cuando conseguimos llegar hasta una mesa con un gran barril de cerveza de esos que se alquilan y los característicos vasos rojos, Brent me pasó uno lleno y después se sirvió uno para él.
Cuando terminó me dijo algo que no llegué a escuchar y sonriendo volvió a entrelazar nuestros dedos para guiarme hacia otro lugar. Parecía que se conocía bien la casa.
Antes de que me diera cuenta estábamos andando en dirección a un grupo de personas -entre las cuales pude reconocer a Scott, el chico que se me había acercado antes en la piscina- que nos observaban.
Brent me dio un apretón tranquilizador en la mano justo antes de llegar hasta ellos.
Entonces me miró.
- Chicos, esta es Aria - Me presentó - Aria, estos son Matt, su hermana Lauren y por desgracia ya conoces a Scott - Me dijo mientras iba señalando con la mano en la que tenía sujeto el vaso a cada uno de sus amigos.
Scott me dio una especie de asentimiento con la cabeza a modo de saludo mientras sonreía, yo se lo devolví sonriendo también.
Por otro lado, la chica se me acercó sonriendo para darme una especie de abrazo tan rápido que ni siquiera me dio tiempo a reaccionar.
- Encantada - Me dijo al alejarse.
- Igualmente - Le contesté forzando una sonrisa incómoda, todos me estaban mirando, y era algo que no soportaba. Y para colmo imtimidaban bastante.
¿Qué clase de agua bebían en este sitio? Eran todos guapísimos.
Los hermanos, Matt y Lauren creo que era, que aún me observaban, eran rubios, muy rubios. Ella muy largo y él corto, con tupé. Parecido al tono de pelo de Taylor Momsen. No sabría decir si era natural o tintado. Además los dos tenían los ojos azules y sus facciones eran bastante parecidas. Apostaría cualquier cosa a que eran gemelos.
- Espera un momento - Matt interrumpió mis pensamientos - Tú eres la que se abalanzó sobre Tina ¿Verdad?
Aquella pregunta me pilló por sorpresa. ¿Estaban todos allí esa noche? Me sonrojé levemente y rogué a Brent con la mirada para que me sacara de allí.
Soltó una carcajada al ver mi cara confirmándoselo a Matt y luego se acercó a mi oído.
- ¿Quieres bailar? - Me susurró.
Pegué un gran trago a mi cerveza terminándola y asentí. Me despedí con la mirada de sus amigos y nos perdimos entre la multitud hacia lo que pensé que era el salón, donde la música sonaba aún más alto.
Con el suelo vibrando bajo nuestros pies, conseguimos hacernos un sitio entre la multitud. Aunque de todas formas no era mucha la distancia que nos separaba.
Noté que Brent también había acabado con su cerveza, ya que colocó sus dos manos a cada lado de mi cintura.
Yo por mi parte, apoyé mis manos en su camiseta notando sus marcados pectorales y me dejé llevar moviendo las caderas al ritmo de la música que nos envolvía.
Mi corazón era incapaz de mantener un ritmo constante. El simple hecho de tenerlo tan cerca, aspirando su aroma, notando como sus manos recorrían mi cuerpo lentamente.... hacía que me subiera por las paredes. Y no sabía porqué.
Pronto el ambiente empezó a espesarse. Todo en la situación había empezado a calentarse; mi cuerpo, el suyo, el aire que respirábamos...
No era consciente del tiempo que pasaba, simplemente me dejaba llevar, disfrutando del roce de nuestros cuerpos. Tenía una palabra que definía la situación a la perfección: intensa.
Con la respiración irregular, conseguí darme la vuelta para quedar de espaldas a él. No tardó en rodearme con su brazos y apretarme contra su pecho. Seguíamos moviéndonos al ritmo de la.. ¿Quinta, sexta canción? No tenía ni idea, y no me importaba.
Con los ojos cerrados emborrachándome con su olor, subía y bajaba las caderas suavemente frotando su parte más íntima, la cual cada vez se hacía más notable.
Jugaba con mi pelo, el calor me iba consumiendo poco a poco y mi corazón bombeaba más sangre de la necesaria.
Podía notar su respiración en mi cuello, pidiéndome más.
Incliné la cabeza hacia el lado contrario para que tuviera mejor acceso, dando paso a que él dejará un rastro de suaves besos mojados en mi clavícula, cuello, mandíbula.... mi piel hormigueaba donde sus labios hacían contacto.
No sabía qué estaba haciendo.
Sin poder resistirme más, giré mi cabeza para que sus labios hicieran contacto con los míos y cumplir el primer deseo que tuve desde que le conocí.
Nuestras respiraciones se mezclaban, pude notar como su pecho subía y bajaba descontroladamente. Di un pequeño paso hacia delante, nuestros labios ya se rozaban. Se estaba haciendo de rogar.
Sin embargo, la vibración de mi móvil metido en el bolsillo de mis pantalones de tiro alto, hizo que retrocediera.
Sin dejar que desenvolviera sus brazos de alrededor mío, saqué el móvil dejando a Brent con el ceño fruncido y leí el mensaje que se reflejaba en la pantalla. Era de Dylan.
"Acabo de salir del curro, ¿Lo tenéis? " Decía.
Me congelé dejando de contonear la cintura y volví al mundo real en el que las manos de Brent no eran lo único que existía.
Mierda, Jane.
NARRA JANE
Media hora. ¡Media hora paseándome por una casa en chándal llena de chicas arregladas, recibiendo miradas de asco! A más de una le habría cerrado la boca enseñándole mi precioso dedo corazón, pero seguía sin encontrar a nadie y ya estaba empezando a desesperarme.
En cambio, a la zorra de Stingaree ya me la había encontrado varias veces. Gracias Murphy.
Aunque bueno, si Miss Extensiones estaba aquí significaba que Tyler no me la había jugado y que realmente había venido.
Ya había buscado en el salón, en el jardín de la piscina, en la cocina... Dios, ¿Dónde puede haberse metido Aria?
Mi última opción era las habitaciones, había estado dejándolas para el final por que quería evitar interrumpir alguna situación comprometida.
Y efectivamente, tras la primera puerta que abrí había una pareja en plena faena. Pero lo gracioso es que eran homosexuales y me preguntaron que si quería unirme. Sorprendida, cerré la puerta reprimiendo una carcajada y fui hacia la siguiente.
Sólo encontré habitaciones vacías hasta que, me llamó la atención una puerta entornada de la que salían gritos de victoria y risas.
Avancé decidida hacia ella, para entrar y comprobar si Tyler estaba dentro, pero una persona se puso delante de mí, cortándome el paso.
- Eh, eh, eh ¿Dónde crees que vas? - Me preguntó.
Era un chico moreno con barba y el pelo revuelto bajo una gorra verde echada hacia atrás.
- Estoy buscando a una persona - Le contesté cruzandome de brazos.
- Lo siento pero no puedes pasar.
- Qué pasa ¿es una especie de cuarto para drogadictos o algo? - Le interrogué. El chico delante mío me sonrió de lado ante mi comentario. Era mono, pero tenía que centrarme en otras cosas.
Iba a marcharme para seguir buscando pero antes de que pudiese darme la vuelta pude escuchar cómo gritaban su nombre.
- ¿Le conoces? - Pregunté al chico que aún me miraba sonriendo - ¿Conoces a Tyler? Moreno, ojos verdes, dilataciones en las...
- ¿Quién pregunta por él? - Me interrumpió.
- Dile que soy Jane.
Asintió y desapareció cerrándome la puerta en las narices. Vaya, qué majo.
Varios minutos después de estar esperando sola en el pasillo como una tonta, el mismo chico volvió a abrir la puerta apartádose para dejarme pasar.
Dentro había mucha gente, ya que el espacio era considerable. No puede evitar fijarme en Tyler que estaba delante de una mesa de ping-pong observándome con una sonrisa ladeada.
Me acerqué a él lentamente, con ganas de arrancarle la cara. Antes de que pudiera hablar, lo hizo él.
- Pensé que no vendrías - Me dijo, fuera del oído de los demás presentes.
- Vengo a por mi móvil. Dámelo - Exigí.
- Wow, cuando te dije que era una fiesta informal no me refería a este tipo de informalidad - Ignoró mis exigencias, haciéndose el listillo.
- Mira, esto es muy fácil - Me crucé de brazos, obviando su comentario sarcástico - Tú me das mi móvil, yo me voy y no nos volvemos a ver nunca más.
Se tocó la barbilla pensativo.
- Pues.. no me parece bien - Se negó - ¿Qué te hace pensar que no quiero volver a verte?
- Tyler, o me das mi móvil o te dejo estéril - Amenacé. Inexplicablemente mi comentario sólo causó que me mostrara sus dientes al sonreír.
- No me gustan los ultimátum, nena.
Ya empezábamos.
- Como vuelvas a...
- ¿Quieres jugar preciosa? - Me interrumpió el hico de la puerta, pasando su brazo por encima de mis hombros.
- No, gracias - Me negué educadamente.
- ¿Tienes miedo? - Me tentó Tyler.
Resoplé dándole una sonrisa cínica.
- No me hagas reír.
- Una partida - Insistió - Si ganas te devuelvo el móvil y no vuelves a verme nunca más. Pero si yo gano..., esta no será la última vez que me veas.
Justo cuando terminó de hablarme me percaté de que la mesa detrás de él era una mesa de BeerPong* con varios vasos apilados a cada extremo en forma de triángulo y que a eso se referían cuando decían jugar.
Pero no iba a jugar.
- ¡TENEMOS NUEVA JUGADORA! - Gritó el chico de la gorra verde que aún tenía su brazo a mi al rededor - ¿Cómo te llamas, preciosa?
- Espera, yo no...
- Jane - Contestó Tyler por mí.
- ¡JENKINS CONTRA SU NUEVA AMIGA JANE! - Volvió a gritar demasiado cerca para mi gusto y la habitación estalló en gritos y vítores.
Tyler se acercó a mi con una sonrisa divertida y me guió hacia mi supuesto lado en la mesa.
- Ya sabes lo que tienes que hacer si quieres tu móvil - Me susurró al oído antes de dirigirse al suyo.
Me tiró una bola de ping-pong mientras me guiñaba el ojo y rellenaba los vasos apilados en triángulo de cerveza.
Yo la agarré en el aire y entrecerré los ojos hacia él, desafiante.
- Si quieres jugar, jugaremos.
NARRA ARIA
Agarré el brazo de Brent para sacarlo de la pista y llevarlo a algún lugar en el que pudiera hablar escuchando mi propia voz.
Llegamos a un pasillo bastante desierto y entonces me preguntó:
- ¿Qué pasa?
- Es...es que tengo que encontrarla, rápido - Le dije rascándome la nuca, siempre me pasaba cuando empezaba a ponerme nerviosa.
- Está bien, te ayudo - Me contestó, su respiración aún intentando estabilizarse - Pero primero déjame decirle una cosa a alguien.
Cogió mi mano -gesto al que ya había empezado a acostumbrarme- y me guió hacia una de las muchas puertas que había en el pasillo, de la cual salían numerosos gritos.
Abriéndola, se hizo paso entre la multitud que seguía gritando ánimos no se a quién.
- Te conoces muy bien la casa ¿No? - Le pregunté acercándome a su oído para que me escuchara.
- Es lo que tiene haber vivido aquí desde que nací- Me sonrió dulcemente.
Abrí los ojos excesivamente, asombrada.
- Espera, ¿qué? Tú has...
Pero no pude terminar la frase porque pronto descubrí la razón de los gritos, y eso me dejó atontada.
Jane. En chándal. Jugando al Beerpong, con Tyler.
Desde luego, nadie tenía más suerte que yo, estaba nerviosa por encontrar a una persona y saber de la otra y resulta que los encuentro sin querer en la misma habitación. Genial.
Brent, que se dio cuenta de mi mirada embobada en las dos personas que jugaban a pocos metros, no pudo resistirse a preguntar.
- ¿Los conoces?
- Es mi hermana - Le contesté sin apartar la mirada de ellos - A él no, ¿Y tú?
- A tu hermana no. Él es mi mejor amigo.
Aparté la mirada de ellos para mirarle atónita . ¿Su mejor amigo? Tenía que estar de coña. El capullo que le había robado el móvil a Jane era su mejor amigo, la ironía de todo esto era importante.
- Espera, ¿él era la persona que buscabas? - Asentí - ¿Para qué?
Miré hacia Tyler mientras le contestaba.
- Porque tiene el...
Y entonces lo ví. El móvil de Jane, metido en el bolsillo trasero de su pantalón.
NARRA JANE
Seis a seis.
Era mi turno para tirar, si metía botando valdría dos puntos, ganaría la partida y no tendría que verle la cara de nuevo a Tyler Jenkins.
Intenté enfocar la vista hacia el único vaso que había al otro lado encima de la mesa. Aunque claro, después de beber seis vasos de cerveza mi puntería no era la mejor.
No sabía si la multitud a nuestro al rededor había crecido o si simplemente se dejaban la garganta gritando debido a lo reñida que iba la partida. Lo que sí que sabía era que la mayoría estaban borrachos, y yo iba por el mismo camino.
Mirando a Tyler por última vez, antes de hacer mi tiro, me dí cuenta de que me sonreía satisfecho, como si ya hubiera ganado.
Oh, eso estaba por ver. A competitiva no me ganaba nadie.
Volví mi atención sola y exclusivamente hacia ese pequeño vaso.
Apunté y... justo cuando la bola se desprendió de mi mano, moviéndose a lo que parecía ser a cámara lenta, la habitación estalló en gritos.
La gente corría de un lado para otro, era tal la masa de gente que no llegué a ver donde caía la bola ni saber el resultado de mi punto.
¿Qué ocurría? Estaba confusa, en un segundo la habitación se había convertido en un completo caos.
Sin saber a dónde ir, escuché a un grupo detrás de mi gritar la palabra "Policía" justo cuando alguien agarraba mi mano y me sacaba de allí.
Antes de lo que pensaba estábamos fuera de la casa y conseguí ver que la persona que buscaba en los bolsillos de mi pantalón de chándal las llaves de la furgo era Aria, que parecía nerviosa.
Cuando las encontró tiró de mi y corriendo llegamos hasta el coche, las sirenas de los coches de Policía de fondo.
Entré por el lado del pasajero mientras mi hermana arrancaba a toda prisa, nerviosa.
Yo seguía aturdida, todo había sucedido tan deprisa. Pero entonces me acordé de algo.
- ¡Joder! - Chillé golpeando el salpicadero.
- ¿Qué pasa ahora? - Me dijo Aria, dándome una mala mirada.
- Nunca sabré el resultado y para colmo ni siquiera he conseguido mi móvil, que era el objetivo desde el principio.
- Oh...eso me recuerda que...
Y entonces incorporándose en el asiento, sacó algo de su bolsillo trasero y lo tiró encima de mi regazo.
Me quedé observandolo como si fuera una piedra preciosa. Mi móvil.
- ¿Pero cómo...?
- Ya me lo agradecerás, tranquila.
Sonreí y aún en mi estado de embriaguez temporal me acerqué a ella y le dí un gran abrazo.
- ¿Te he dicho alguna vez que te quiero?

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