- .... y por eso tengo el arañazo en el brazo -Terminó la frase.
Abrí un poco los ojos a través de mis gafas de sol mientras asentía a lo que fuera que estaba diciendo Dylan, la luz del sol seguía molestándome.
Además el coche emitía pequeñas turbulencias que me revolvía el estomago por culpa de la cantidad de alcohol que había ingerido la noche anterior.
La noche anterior...eso me recordaba que no había podido dormir nada bien y también me dolía la cabeza, seguía pensando en esos ojos verdes que..
- ¿Estás escuchándome? - Me preguntó subiendo el freno de mano y mirándome. Había parado el coche y había aparcado. ¿Dónde estábamos?
Me incorporé suspirando y me toqué la frente para luego quitarme las gafas de sol y mirarle haciendo una mueca.
- Lo siento, pero no me encuentro nada bien - Me disculpé - Y haber tenido que dormir tan poco para que me llevaras a comprar comida no ayuda, la verdad - Volví a tumbarme en el asiento, bloqueando mi vista con el brazo izquierdo.
Sólo había dormido cuatro horas, o menos. Lo que mis pensamientos me permitieron.
Llevar dos días en San Diego y no haber comprado nada de comida aún solo se nos ocurría a mi Aria y a mí. En realidad eso era lo primero que tendríamos que haber hecho pero claro, las ganas de explorar la zona y ver dónde nos habíamos metido habían ganado. Y si no hubiera sido por eso no habríamos conocido a Dylan.
Dylan, él era nuestro salvador. Había venido esta mañana -a pesar de la evidente resaca que tenía que tener gracias a mis chupitos- y nos había traído el desayuno y unas cuantas bolsas de hielo para la cara hinchada de Aria, que se había quedado en la cama descansando mientras que yo, ejerciendo de hermana mayor, había decidido aprovecharme de los conocimientos de Dy sobre la ciudad para que me guiara en la furgo al Súper más cercano.
Y aquí estábamos, después de comprar, en el coche, parados. Y aún no sabía porqué.
- A eso se le llama resaca - Me contestó. Podía notar su sonrisa en la voz.
- Hmm - Murmuré. Ojalá fuera eso.
Hubo algo que no me dejó dormir bien anoche.
- Por suerte para ti, yo tengo la solución perfecta para eso.
Levanté el brazo izquierdo para poder mirarle con los ojos entrecerrados por la luz que seguía molestándome.
- ¿Qué tienes en mente? - Le pregunté.
Él me sonrió divertido y volvió a arrancar el coche, emprendiendo rumbo a alguna parte.
Sonreí volviendo a cerrar los ojos, este chico cada vez me caía mejor.
(...)
No estábamos lejos de casa - a unas cuantas calles - creo que cerca del restaurante donde trabajaba Dylan, cuando por fin noté que apagó el motor del coche e incorporé el asiento para mirarle.
- ¿Me vas a decir ya que estás tramando? - No me había dirigido la palabra en todo el camino, se limitaba a dedicarme sonrisitas graciosas, como si supiera algo que yo no. Que era exactamente lo que pasaba.
El chico se quitó el cinturón y suspiró mirándome.
- Un Tour de hamburguesas.
- ¿Un qué? - No sabía a que se refería.
- Sí, a ver, una buena comida lo cura todo - Hasta ahí llegaba, le hice una señal para que siguiera - Vamos a recorrernos las hamburgueserías de la ciudad, pero solo pediremos una. No, déjame acabar. Pediremos una para los dos y la puntuarémos. Por cada hamburguesa, me contarás un secreto. Yo a ti también, tranquila. Cuando terminemos sabremos cual es la mejor hamburguesa de toda la ciudad, y de paso te orientas un poco - Finalizó.
Una sonrisa de oreja a oreja se dibujó en mi cara, ¿Decenas de hamburguesas para comer? Joder, debía ser algo parecido al cielo.
- Creo que te quiero - Le dije entusiasmada. Estoy segura de que me brillaban los ojos y todo.
Dylan soltó una carcajada cuando mis tripas rugieron. Me sonrojé levemente.
- Ahora vengo - Me dijo abriendo la puerta del conductor - No tardo nada - Y se fue guiñándome un ojo.
Sonreí moviendo la cabeza de lado a lado.
Estábamos aparcados en doble fila delante de una hamburguesería a pie del paseo marítimo.
Dylan llegó con varias bolsas en lo que yo cogí un disco y lo metí en el reproductor.
- ¿Read my mind? - Preguntó mientras entraba.
- ¿Conoces a The Killers? Por cierto - Señalé las bolsas - ¿No ibas a comprar solo una hamburguesa?
- Claro, ¿Quién no? Y, he pensado que un par de refrescos no estarían mal.
- Bien pensado compañero - Levanté la mano revolviéndole el pelo.
Dato: estaba suave.
Dyl soltó una carcajada mientras desenvolvía una hamburguesa con todas las cosas que te puedas imaginar y la partía por la mitad.
- Toma - Me tendió una - Primero un secreto, ya sabes.
Formé un puchero de cachorrito, quería comerme la hamburguesa.
- Así son las reglas - Sentenció cogiendo su parte de la hamburguesa.
- Vale - Exclamé alargando dramáticamente la primera vocal - Mi segundo nombre es Elizabeth.
- ¿En serio? ¿Eso es lo mejor que tienes? Quiero uno de verdad...venga, uno que mole.
- Vale, vale - Me mordí el labio pensativa - Eh...cuando Aria y yo eramos pequeñas teníamos un Hámster que se llamaba Rori y cuando...
- No - Me interrumpió llevándose la mano a la boca, fingiendo horror - Dime que no mataste al pobre Rori.
- ¡No fue mi culpa! - Exclamé - ¡La ventana estaba abierta y soy propensa a asustarme fácilmente!
- ¡¿Tiraste al pobre hámster por la ventana?!
- ¡Fue un accidente! - Le contesté con evidencia - A día de hoy creo que Aria sigue creyendo que se escapó.
Pensé que iba a llamarme asesina de hámsters o maltratadora de animales, pero en su lugar soltó tal carcajada que me la contagió y terminamos riendo como descosidos los dos en el coche, con The Killers de fondo. Pobre Rori.
Cuando Dy consiguió relajarse, me contó su secreto, que resultó ser que cuando iba al instituto se enrrolló con su profesora de biología, que era diez años mayor que él.
Lo sé, yo también aluciné. Aunque entiendo que su profesora no consiguiera resistirse. Aquí, mi nuevo amigo era uno de los chicos más guapos que había visto hasta ahora en la ciudad.
Once hamburguesas, tres refrescos y 10 secretos más tarde, terminamos el Tour, llegando a la conclusión de que la mejor de toda la ciudad era la número ocho, así que volvimos a casa en la furgo.
Saqué las llaves de casa del bolso para abrir la puerta cuando me entretuve mirando un llavero que colgaba de estas. Era un pequeño cartel de Hollywood que me había regalado días antes mi amiga...
- ¿Jane, puedes darte prisa? - Sugirió Dylan, interrumpiendo mis pensamientos - Las bolsas pesan lo suyo.
- Ya voy, ya voy... - Dije mientras introducía la llave en la cerradura y empujaba la puerta para abrirla - De todas formas eres un flojo y un quejica Dy.
Caminé hacia la cocina seguida de Evans para dejar las bolsas que llevaba.
Estábamos distribuyendo la comida en la nevera, cajones y armarios cuando me percaté de que la televisión del salón estaba encendida y de que unos leves sorbos de nariz y una respiración irregular se podían escuchar por encima del sonido de esta. ¿Aria estaba llorando?
Andé rápidamente hacia el salón y solté una sonora carcajada cuando pude ver la escena que tenía delante.
Aria estaba llorando a moco tendido, tirada en el sofá tapada con una sábana y con una caja de pañuelos al lado.
¿La razón? La última entrega de la famosa saga de Vin Diesel y Paul Walker: Fast & Furious 7.
Tanto a Aria como a mi nos encantaba esa saga. Coches, carreras, familia. Cada vez que se estrenaba una nueva en el cine no tardábamos ni dos días en ir al cine a verla con papá, el cual también era un gran aficionado a dicha saga.
La muerte de Paul siempre sacaba la vena sensible de Aria, que ya de por si no era poca. Lloraba con los finales tristes, con los felices, con las pelis de Disney, cuando se acababa un libro, lloró cuando Mary Jane murió...era una puta sensiblona.
En cambio yo no lloraba casi nunca, no me gustaba que la gente me viese en ese estado tan vulnerable. Pero aún así, la muerte de Paul logró tocar mi vena sensible cuando vimos la película en el cine. Menos mal que las luces estaban apagadas, sino Aria hubiera estado meses burlándose de mí.
Me tiré en el sofá al lado de ella, saqué un pañuelo del paquete, le rodee con los brazos y dejé que se desahogara tranquila.
Dylan miraba toda la escena apoyado en el marco de la puerta con los brazos cruzados mientras sonreía de forma adorable.
- ¿Mejor? - Le pregunté a mi hermana cuando terminó de sonarse y se acurrucó contra mi pecho.
- Es que... es demasiado real - Contestó con la voz entrecortada.
Fruncí el ceño.
- ¿A qué te refieres?
Me miró desde abajo aún con los ojos llorosos.
- A que... no es como... Augustus Waters, por ejemplo. Te puede dar pena y tal, pero al fin y al cabo sigues viendo a Ansel Elgort subiendo a recoger premios, sonriendo, vivo... - Se le escapó una lágrima que logré interceptar antes de que cayera por su barbilla - En cambio, no volveremos a ver a Brian O'Conner ni a Paul Walker, están... muertos, los dos.
Lo medité por unos segundos. Tenía razón, era demasiado real.
- Pero bueno, ya está, se acabó - se limpió la cara para despejarse, apagó la televisión en la que en ese momento ya salían los créditos al ritmo de el último éxito de Wiz Khalifa "See You Again" en memoria de Paul y saludó a Dylan - Hey Dy.
Era gracioso porque tenía los ojos super rojos y el rímel de la noche anterior un poco corrido.
- Hola A - Le devolvió el saludo mientras se acercaba para sentarse en el sillón frente a nosotras - ¿Estás mejor?
- Sí tranquilo, estas cosas son normales en mí - Contestó sonriendo.
Asentí, estando de acuerdo. Después me acordé de algo
- ¿Porqué no me llamaste para hacer maratón juntas? - Le pregunté un poco molesta. Sabía que me encantaba tirarme en el sofá con ella y pasar el día viendo películas.
- Claro que lo hice - Se defendió - Te mandé miles de mensajes, pero no contestaste ninguno.
Entonces me acordé.
- Esta mañana iba tan dormida que ni siquiera cogí el movil, espera - Dije mientras me levantaba del sofá y corría escaleras arriba.
- ¡Yo no los miraría, después del décimo mensaje me desesperé y empecé a insultarte! - Escuché como Aria gritó desde abajo y a Dyl soltando una carcajada.
Cuando entré, fui hacia mi objetivo; el bolso.
Estaba encima de la mesita de noche. Lo abrí y revolví todas las cosas para encontrarlo antes pero me sorprendí cuando no lo hice.
Frustrada, vacié el bolso encima de la cama. Estaba el tabaco, el mechero, el monedero, un par de tampones y un lápiz de ojos negro. Pero ni rastro del móvil.
Rápidamente pensé lo peor, ¿Me lo habían robado? Pero descarté esa opción, no quité la vista de encima al bolso en toda la noche. Así que hice lo mejor que sabía hacer en estos casos: culpar a mi hermana.
Bajé las escaleras volviendo al salón interrumpiendo la conversación que había empezado con Dyl para después coger el paquete de pañuelos y tirárselo encima
- ¿Pero qué coño te pasa? - Me preguntó confundida.
- Dámelo - Exigí - Si esto es una broma no tiene gracia Aria, dámelo. Ya.
- ¿De qué estas hablando?
- ¡De mi móvil! - Casi grité - ¿De qué voy a estar hablando? Dámelo.
- ¡Yo no tengo tu móvil! - Exclamó alterada.
Examiné su cara por unos segundos y supe que no mentía.
- ¿Te lo han robado? - Preguntó Dylan preocupado.
- No...no lo sé - Cada vez estaba más confusa - No solté el bolso en toda la noche.
Pasamos un par de segundos en silencio, pensando. A no ser que...
- Aria, dame tu móvil - Le pedí empezando a alterarme. Como estuviera en lo cierto...
Cuando me lo dio, marqué mi número lo más rápido que pude. Descolgaron al cuarto tono.
Y ojalá no hubiera estado en lo cierto.
- Estabas tardando en llamar, nena.

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