Las cosas en casa hasta ahora habían ido bastante bien. Quiero decir, no hacía más de un día que estábamos aquí y... todo era perfecto, pero el tema con el baño era un desastre.
Una casa. Dos personas. Un espejo. Así que si no quería recurrir a mirarme en el reflejo de alguna sartén en la cocina, tenía que entrar al baño.
Si os ponéis en situación creo que entenderéis mejor el porqué de mis pensamientos.
Eran casi las diez de la noche, por lo que Dylan no tardaría mucho en llegar. Yo ya estaba vestida para irme, llevaba unos pantalones de talle alto a rallas blancas y negras, un top corto de color negro que acababa donde empezaban los pantalones, un bolso de mano negro y dorado y unas cuñas altas con plataforma negras. Lo único que me quedaba para estar totalmente lista era peinarme y maquillarme, pero, ¿Dónde estaban mi cepillo y mis pinturas? En el baño. Y ¿Quién estaba encerrada en el baño desde hacía más de tres cuartos de hora? Mi encantadora hermana.
Resoplé volviendo a mirar la hora, apagué la tele y subí al piso de arriba para intentar por enésima vez que Aria abriera la puerta.
Justo cuando fui a llamar a la puerta, una Aria arreglada, peinada y maquillada salió por la puerta del baño que literalmente estaba hecho un completo desastre.
- Vale, vale no seas plasta - Exclamó con tono cansado - Todo tuyo.
Cuando pasó por mi lado para dejarme pasar al baño le pegué una colleja.
- ¡Ay! - Gritó frotándose la cabeza - ¿Y eso porqué?
- Por tenerme esperando casi una hora - Le dije.
- Es que todo esto lleva su tiempo - Sonrió mientras se daba una vuelta sobre sí misma, enseñándome su conjunto.
Llevaba un mono blanco de pantalón corto sin mangas y escote francés, con unos tacones de plataforma marrones y el pelo recogido en una coleta alta un poco deshecha. Además llevaba los labios pintados en un precioso rosa fuerte, lo que destacaba muchísimo con el mono blanco.
La verdad, estaba perfecta y, muy en el interior me daba hasta envidia.
Aria siempre había tenido el poder de hacer que absolutamente todo le quedara bien. Pero mi orgullo era más fuerte que todo eso, aunque pronto llegaría alguien para cambiarlo.
Bufé, e ignorando su comentario entré al baño y le cerré la puerta en las narices. A través de esta pude escuchar como mi hermana reía.
Rodé los ojos sonriendo, a veces era gilipollas, pero tenía su encanto.
Saqué mi neceser de uno de los cajones del lavabo y empecé a maquillarme, finalmente dejé mi pelo suelto justo a la altura de mis hombros.
Cuando estuve contenta con mi aspecto salí del baño, cojí el bolso y fui a la cocina, me moría de hambre.
A las diez en punto, mientras terminaba un trozo de pizza en la cocina, Dylan llamó a la puerta, tal y como dijo que haría. Qué puntual.
Escuché como Aria le abría la puerta y hacía algún que otro comentario sobre su vestimenta. Yo, resignada, dejé mi cena de lado y fui al salón.
Dylan estaba parado en la puerta, vestido con unos pitillos vaqueros, unas converse negras y una camiseta blanca. No se esforzaba por estar guapo, pero lo estaba.
Me acerqué a el y lo saludé con dos besos.
- ¿Nos vamos? - Pregunté.
- Claro - Sonrió. Cogí las llaves de un cuenco para las llaves que había al lado de la puerta en una pequeña mesa blanca y salí de casa.
- ¡Espera! - Interrumpió Aria - Me falta el bolso.
- Pues cierras tú - Le tiré las llaves, ella las cogió en el aire y salió corriendo escaleras arriba.
Salí de casa al lado de Dylan, que parecía bastante nervioso. Pero un coche aparcado en doble fila me hizo parar de golpe.
Literalmente parecía chatarra andante, tenía varias abolladuras, uno de los espejos retrovisores no se mantenía y estaba sujeto con cinta americana y tenía tantas partes oxidadas que no se podía distinguir el color original.
- ¿Este es tu coche? - Miré al moreno horrorizada. La furgo tenía sus cosas, pero no había ni punto de comparación.
- Bueno.. - Dudó rascándose la cabeza con la mano izquierda, avergonzado - El sueldo de camarero no da para mucho.
- ¿Pero funciona? - Le pregunté con una sonrisa burlona. El me miró entrecerrando los ojos.
- Claro que sí - Dijo indignado, aguantando la risa - Lo cuido como si fuera mi hijo.
- Ya se ve - Di una vuelta observando todos los alrededores del coche. Si lo cuidaba como a un hijo, sería el peor padre del mundo.
Dylan se acercó a la puerta del conductor y metió la llave en ella para abrir el coche. Intente reprimir una carcajada, este coche era un caso perdido.
Entró, arrancó y esperó a que yo hiciera lo mismo, pero dudaba si subirme o no a aquella cosa.
Mientras tanto, Aria salió después de haber cerrado la puerta, se acercó y me miró con la misma cara de horror que yo había puesto anteriormente.
- Vaya - Me susurró.
- Lo sé.
(....)
"Stingaree" Ese era el nombre de la discoteca.
Alucinante se le quedaba corto al sitio.
Sorprendentemente el coche de Dylan no se desmontó por el camino al traernos aquí. Estábamos haciendo cola para entrar, el lugar tenía tres plantas, por lo que no me quería ni imaginar la gente que cabía dentro.
Fuera, en letras de neón de color morado, estaba escrito el nombre de la discoteca.
Cuando estuvimos lo suficientemente cerca de la puerta, pude escuchar la música amortiguada por esta. Cada paso que avanzábamos en la cola, mi cuerpo se llenaba de adrenalina y nerviosismo, tenía muchas ganas de fiesta.
Cuando el portero del pub, el cual no nos pidió DNI (cosa que fue buena, por que Aria aún era menor de edad), nos abrió la puerta, el sonido de la música aumentó considerablemente.
Dylan iba delante y tuve que agarrarme de su brazo para no perderlo de vista y Aria del mío por lo mismo.
Estaba abarrotado de gente; gente borracha, hablando, bailando o incluso enrollándose.
Mi mirada recorrió las paredes de la sala, que estaban pintadas al estilo galaxia, como los fondos de pantalla del Iphone.
Había varias barras para pedir bebidas distribuidas por todo el local y los barmans se volvían locos para atender a toda la gente que les solicitaba.
Arrugué la nariz, olía a una mezcla de colonia de hombre, sudor, humo y.. ¿Porro?
Dylan siguió avanzando adentrándonos más hasta que llegamos a la pista de baile, en la que predominaba una mezcla de luces rosas, moradas y blancas, y paró para mirarnos.
- ¿Queréis algo de beber? - Nos preguntó como pudo alzando la voz por encima de la música.
Aria se acercó a él para susurrarle algo al oído, asintió y luego me miró con cara de interrogación. Me acerqué a su oído.
- Yo un ron-cola - Le dije. Me guiñó un ojo y desapareció entre la multitud.
Le deseaba buena suerte para encontrarnos después.
Aria entrelazó sus dedos con los míos y me llevó hacia el centro de la pista, donde la música se oía de forma diferente, el sonido había aumentado pero no llegaba a molestar para nada, era perfecto.
Observé como sus labios se movían diciéndome algo, pero no podía oírla.
- ¿¡QUÉ?! - Le chillé en el oído, para que pudiera escucharme. Ni yo misma escuchaba mi propia voz.
- ¡Que esto es genial! - Exclamó sonriendo. Se movía al ritmo de la música, por lo que su coleta parecía tener vida propia.
Sonreí abiertamente. Pero con una sonrisa verdadera, de estas que salen solas sin darte cuenta. Adoraba ver a Aria feliz, no la veía así desde hacía mucho tiempo, y todo por culpa del gilipollas de Ryan.
Además, este era uno de los propósitos del viaje; olvidar, sonreír, disfrutar.
Con la sonrisa aún plasmada en la cara, me uní a ella bailando al ritmo de la música. Tenía razón, esto era genial.
Casi media hora más tarde, Dylan se unió a nosotras, ofreciéndonos las bebidas. Yo tenía una sed horrible y además estaba sudando por bailar sin parar con tantos cuerpos alrededor pegados a mí, así que le agradecí mentalmente a Dylan el haber llegado en el momento perfecto para poder beber algo.
Aria y él habían congeniado bien, parecía un buen chico.
No existía nadie más, nos dejábamos llevar por el ritmo de la música, las bebidas ya me habían empezado a subir y sentí un leve mareo que aliviaba el cansancio por haber estado casi dos horas seguidas bailando, pero aún así necesitaba un descanso.
Le hice una señal a Dylan, que avisó a Aria, para que me siguieran y les guié hasta la barra más cercana, donde al menos podías oír tu propia voz cuando hablabas.
Nos sentamos en una mesa con taburetes que había cerca y Dylan empezó a descojonarse.
- No pensé que fuerais tan divertidas - Admitió negando con la cabeza mientras sonreía - Ese momento en el que las dos habéis.... joder, simplemente increíble. Necesitaba algo así esta noche.
Esa última frase me llamó la atención así que anoté mentalmente que después le preguntaría. Acto seguido, puse los ojos en blanco y Aria y yo nos unimos a su risa.
- El vodka hace maravillas - Dijo Aria, que ya llevaba casi tres copas encima. Y aunque no le solía subir mucho, no iba a dejarla beber mucho más.
Dylan también llevaba sus copas encima, así que los dos empezaron a reír como descosidos, parecían morsas berreando. Terminaron contagiándome la risa y joder, no sabía de que cojones nos reíamos pero cinco minutos después tenían lágrimas en los ojos y yo me aguantaba la barriga intentando coger aire.
Cuando me calmé, saqué dos billetes del bolso y levantándolos en el aire mientras los movía efusivamente, grité:
- ¡Ronda de chupitos!
Me levanté del taburete y fui hacia la barra escuchando como mi hermana gritaba algo que no entendí.
Tuve que esperar casi cinco minutos, pero cuando llegué le dije al barman que me pusiera tres chupitos de ginegra y que dejara la botella.pagué todo y con los chupitos llenos en una mano y la botella en otra volví a la mesa, donde Aria le enseñaba algo en su móvil a Dylan y los dos se descojonaban.
- ¿Qué miráis? - Les pregunté dejando las cosas encima de la mesa. cada uno cogió su chupito y lo sujetó con una mano.
- Gatos - Contestó Dylan para luego explotar en otra carcajada.
- Vines de gatos - Le corrigió Aria sonriendo - Mira.
Me dió el movil y vi a un gato que intentaba saltar de una encimera a la cornisa de una ventana, pero se quedaba un poco corto, se estampaba contra la pared y se caía al suelo.
Les miré a los dos, descojonándose sin siquiera ver el vídeo y no pude no descojonarme también. Pero no del video, ni del pobre gato. Si no de ellos, que parecían tontos.
Cuando nos tranquilizamos, alcé mi chupito en el aire para brindar con ellos.
- Sin pensar - Les dije.
- Uno, dos..
- ¡Tres! - Exclamó Dylan.
Y lo vacié entero en mi boca. Aún no me lo había tragado cuando bajé la mirada y vi la cara de estreñida que ponía mi hermana por el quemazón de garganta que le causaba, casi suelto una carcajada y escupo el líquido, pero me lo tragué y Dios, me apuesto lo que queráis a que tenía la misma cara que Aria de antes.
Después de esa ronda, como teníamos la botella, vino una más que ya no quemó tanto como antes, y luego otra, y otra.
Mi hermana y yo soportábamos el alcohol bien, pero Dylan tenía la cara roja a causa del calor que hacía dentro del local y los ojos muy rojos. Me entró la risa con solo verle la cara. Aun que claro, a esas alturas ya todo me hacía gracia.
Fui a llenar otra ronda pero Aria puso su mano encima del vaso para que no le echara.
- ¡Tengo que ir al baño! - Chilló.
Le hice un gesto positivo con el pulgar. Ya empezaba a tardar, era raro que hubiera aguantado tanto.
- No tardes mucho - Le pedí. Este lugar era enorme y siendo Aria tenía muchas posibilidades de perderse.
Asintió y se giró desapareciendo entre la multitud.
Fui a llenar el vaso de Dylan otra vez, pero este repitió el gesto de Aria tapándolo para que no lo hiciese.
- Dydi no soporta el alcohol ¿Eh? - Le dije con tono burlón.
- Como beba uno solo más voy a potar, y no será agradable - Me advirtió arrastrando las palabras.
- Bueno - Acerqué mi taburete a el suyo y volví a sentarme - Entonces cuentame guapetón, ¿cómo es que un tipo como tú, haya accedido sin más a venirse de fiesta con las primeras que pisan su bar? - Le interrogué, mientras el me sonreía. Pero era más una sonrisa de borracho. - ¿Es que no tienes novia ni nada de eso? - No lo preguntaba por nada en especial, simplemente tenía curiosidad. El chico me había caído bien y ya lo veía de gran importancia en nuestro verano en San Diego.
- ¿Novia? - Exclamó con horror fingido - Joder, ni me saques el tema.
- ¿Problemas en el paraíso? - Arqueé una ceja.
Bufó y se acomodó en el taburete.
- ¿La verdad? - Asentí - Cuando os conocí en el bar, no hacía ni veinticuatro horas que estaba libre.
Mis ojos se abrieron como platos.
- ¿Que? - Exclamé - ¿La zorra te dejó?
- Por otro - Afirmó - Y con un puto mensaje.
Necesitaba algo así esta noche. Claro, ahora lo entendía.
Me levanté y le di un abrazo, Dylan apoyó el mentón en mi hombro y suspiró.
Si te parabas a pensarlo, la situación era bastante graciosa. No hacía más de un día que le conocía y aquí estaba yo, consolándole. Frotandole la espalda, borrachos.
Me separé de él y le tendí mi chupito, que ya estaba lleno. Lo aceptó y se lo bebió entero, poniendo la usual cara de estreñido.
Yo sonreí, al menos ahogaba sus penas de alguna manera. Lo malo sería la resaca de el día después.
Al menos, la noche hasta el momento había ido genial. Pero la pregunta era: ¿Donde se había metido Aria?
NARRA ARIA
Asentí y me marché en busca del baño.
Era como un vejiga pequeña con patas.
Avancé por las mesas rápidamente, porque, vulgarmente, se me salía el chorro.
Dirigí mi mirada a mi alrededor, pero no encontré ninguna puerta, así que opté por tocar el hombro de un desconocido y hacerlo más fácil.
- Perdona, ¿Sabes dónde esta el baño? - Le pregunté.
El chico volteó para verme y casi me caigo del susto. Una criatura digna de Mordor apareció ante mí, fumado y con los ojos hinchados rojos.
- ¿Quieres que te lleve, preciosa? - Enarcó una ceja, acercándose peligrosamente a mí, poniendo su mano en mi cintura y echándome el aliento en la cara. Ayuda. Qué puto asco.
Arrugué la nariz, olía a una mezcla entre wisky y maría.
Retrocedí y quité su mano de mi cintura bruscamente.
- Mejor déjalo - Le contesté con asco.
A este paso me meaba encima.
Me metí en la pista de baile para atravesarla y ver si estaba al otro lado, porque si la rodeaba no acabaría ni mañana.
Cuando iba por más de la mitad y había logrado esquivar más cuerpos magreándose que en toda mi vida, sonreí aliviada y di gracias a Dios por ver el signo de los lavabos a menos de diez metros de mí.
Oh heaven.
Y menos mal, por que si no pronto alguien se resbalaría con un charco accidental cerca de la pista de baile. Ups.
Estando a escasos metros, sentí que una mano sujeto mi brazo.
Como sea el de antes juro que le pego un puñetazo.
Creo que si mi vejiga no estuviera a punto de explotar, me habría cagado en su madre, su tía, su prima y toda su familia.
- Parece que volvemos a vernos - Susurró una ronca voz rozando sus labios con mi oído, provocándome un pequeño cosquilleo.
Me giré y miré a ese chico, haciendo que quedáramos muy pegados. No fue a propósito, lo juro.
Delante mía había un chico de pelo castaño oscuro y ojos oscuros, con una cara preciosa en que se dejaba ver una barba un poco descuidada, de mandíbula muy marcada, que me sacaba casi dos cabezas de alto y me miraba desde arriba con una perfecta sonrisa burlona.
Creo que mentiría si no dijera que era el chico más guapo que había visto en años.
Segundos más tarde, lo reconocí.
{FLASHBACK}
(Ese mismo día, unas horas antes)
Apoyé mis codos en la barra y esperé a que Dylan terminara de servir en aquella mesa para preguntarle.
Cuando terminó de anotar el pedido de otra, entró en la cocina y cuando salió le chisté para que se acercara.
- ¿Me puedes decir donde está el baño? - Le pregunté desesperada, mientras movía un poco las piernas.
- Mmm.. claro. ¿Ves ese pasillo de allí? - Asentí - Vale, pues al final del todo a la izquierda.
- Gracias, gracias, gracias - Le sonreí y el me devolvió el gesto.
Hice lo que me dijo, al final del todo a la izquierda. Pero antes de entrar me paré frunciendo el ceño, confusa. ¿Cuál de los dos era?
Delante de mi habían dos puertas, las dos de madera con dos tablas de surf talladas en ella. Pero no se distinguían. Quiero decir, no habían ni colores ni nada por el estilo para diferenciar el sexo. Ni rosa ni azul, nada.
Malditos bares surferos.
Opté por echarlo a suertes y entrar en el de la derecha. No tenía nada que perder.
Giré el pomo de la puerta y entré, pero una gran espalda bronceada y bien formada, cubierta por una camiseta blanca, me bloqueó el paso.
- ¿Pero que cojo...? - Exclamó el chico, girando la cabeza hacia mí.
- ¡Oh Dios! - Chillé horrorizada - ¡Lo siento! Joder, ay Dios yo... pensaba que era el baño de chicas y y y lo siento - Afirmé coloradísima.
Me quedé mirando sus ojos unos segundos, que miraban los míos mientras una sonrisa se dibujaba en su rostro.
- Oye, eres muy guapa y eso, y no me importaría que te quedaras pero no es de ser muy caballero, ¿puedes cerrar para que...? - Dijo riendo.
Antes de que terminara cerré la puerta lo más rápido de pude y entré en la de la izquierda para después cerrarla y apoyar la espalda contra ella con el pulso a mil por hora.
Cuando respiré hondo me dio un ataque de risa, ¿Cuando abrí la puerta se le cortó el chorro? Dios mío.
{FIN DEL FLASHBACK}
Me puse roja como un tomate al recordar cómo le había conocido y recé por que la oscuridad del lugar no le dejase ver cómo casa vez parecía más Heidi que otra cosa.
El seguía mirándome con la sonrisa burlona plantada en sus labios.
- Mira... es que me pillas en un mal momento - Le dije intentando zafarme de él para ir al baño.
Se inclinó un poco hacia mí para hablar.
- ¿Una por otra, no? - Me contestó.
Mis mejillas se calentaron aún más.
- Dios, sobre eso... lo siento - No fui capaz de mirarle a los ojos mientras hablaba - Pero de verdad que necesito ir al baño - Señalé la puerta detrás mía.
- ¿Quieres que te acompañe? - Me susurró al oído, causándome un escalofrío - Lo digo por si.. ya sabes, te pasa lo mismo que a mí, no quiero que te pase nada - Su sonrisa aumentó aún más.
Yo enarqué una ceja, ¿En serio? No pude evitar soltar una risa que hizo que tuviera que apretar los muslos aún más.
¿Alguien tiene un cubo? Al final iba a tener que llevar pañales. Joder.
- Por cierto, soy Brent - Me tendió la mano y yo se la estreché un poco inquieta - Encantado mm... - Dijo dudoso.
Iba a contestarle al oído para que me escuchase que me llamaba Aria y que de verdad tenía que irme, pero un empujón en el hombro que hizo que me tambaleara hacia atrás.
A mi lado, una chica rubia con tacones de plataforma, que llevaba un vestido que no dejaba mucho a la imaginación, con el maquillaje corrido a causa del sudor y una copa en la mano me miraba mosqueada.
- ¿Qué coño haces hablando con esta guarra? - Preguntó balbuceando a Brent mientras alzaba la voz.
- ¿Perdona? - Le dije estupefacta. No me conocía de nada y me llamaba guarra.
- ¿Te gusta hablar con chicos con novia? - Dijo acercándose casa vez más a mí. Brent me colocó detrás de su espalda.
Inmediatamente a mi cabeza vino un nombre: Ryan. Miré a Brent sorprendida, y mosqueada, pensando que eso podía ser verdad.Esta era la situación más surrealista de mi vida. Será cerdo.
- ¿Tienes novia? - Le pregunté incrédula.
- ¿Qué? No - Negó rotundamente - Chris, ya hemos hablado de esto.
- ¡No me llames Chris, joder! - Le chilló.
- Escuchame - Brent la cogió por los hombros para tranquilizarla, pero esta se zafó de su agarre - Estás borracha, no hagas nada de lo que mañana te puedas arrepentir.
Yo intenté escabullirme, no quería presenciar una pelea de novios, y más cuando un intento de Barbie quería clavarme sus uñas de porcelana.
Tenía cosas más importantes que hacer, como hacer pis.
- Oh no bonita, tú no te vas a ningún sitio - Me dijo la rubia, agarrándome violentamente del brazo para girarme hacia ella.
Lo siguiente que supe es que estaba completamente empapada de la copa que anteriormente había tenido en la mano.
La miré con furia en los ojos.
La sangre corría por mis venas.
Iba a pagar lo que había hecho como que me llamo Aria Mccrory.
NARRA JANE
- Vale - Hice una pausa, cogiendo el salero y chupandome la mano - Sólo tienes que echarte sal en la mano, después coges el vaso y la rodaja de limón - Hice una pausa, mientras Dylan imitaba todo lo que yo iba diciendo - Ahora te bebes el chupito y luego chupas el limón lo más rápido que puedas. Sal - Chupito - Limón, ¿lo tienes?
Dylan asintió.
- Pues... ¡Ya!
Los dos inclinamos el vaso para tragar el líquido y mientras soportábamos el quemazón en la garganta, mordimos el limón, para aliviarlo.
Cuando me terminé el limón lo dejé encima de la mesa y me reí de Dylan, que tenía la mirada perdida en alguna parte.
- Eh Dy, ¿Estas bien o el tequila te afecta al cerebro? - Le pregunté con tono burlón, pasando mi mano por delante de su cara, de lado a lado.
- ¿Eh? Sí, sí - Me contestó arrastrando las palabras - Es solo que... ¿Esa de ahí no es tu hermana? - Señaló detrás mía.
A lo lejos, en la pista de baile, pude ver un círculo de gente observando como dos chicas se tiraban del pelo en el suelo. Entrecerré los ojos y pude distinguir la coleta y el mono de Aria.
¿Qué coño hacia esa zorra peleando con mi hermana?

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