lunes, 23 de noviembre de 2015

Capítulo 3. FIGHT

- ¡Jane! - Noté un empujón un poco bruto en el hombro mientras oía la dulce y angelical voz de mi hermana taladrarme los oídos - ¡Jane despierta!
Me froté los ojos mientras bostezaba intentando abrirlos, pero la excesiva luz que entraba por las ventanas hizo que los volviera a cerrar instantáneamente. Además, estaba hecha polvo y me moría de sueño por haber estado conduciendo toda la noche.
- Dios Aria, cállate y conduce - Le pedí mientras me acurrucaba en el asiento echándome la manta por encima de la cabeza cual vampiro en un intento inútil de  refugiarme de la luz exterior.
- No, Jane joder despierta que ya hemos llegado - Exclamó emocionada mientras me daba palmaditas en la pierna.
A veces Aria podía ser muy bruta y 
como me diera una más ya le daría yo otra. En la cara.
Despertarme de ese modo era como levantar a la bestia que llevaba dentro. O algo así.
Resignada, me aparté emitiendo un suave gruñido para que dejara de hacerlo y me incorporé bostezando.
A través de la ventana pude ver que el sol estaba saliendo por el horizonte y, a pesar de que la noche no se había dispersado del todo, el cielo ya empezaba a cubrirse con suaves tonos de azul y rosa pastel. Estaba amaneciendo.
- ¿Pero qué hora es? -Le pregunté confusa.
- Eh.. las ocho y media de la mañana.
Abrí los ojos por la sorpresa.
- ¿Porqué no me has despertado? Me tocaba a mí - Le dije tirando de la palanca de asiento para ponerlo derecho.
Cuando me fui a dormir por última vez creo que eran las... ¿Cuatro? y si nos turnábamos cada dos horas, eso significaba que Aria había estado conduciendo sin parar cuatro horas y media.
- Te quería dejar dormir - Me explicó restándole importancia - Además, he parado hará cosa de... una hora y media para comprar café.
- ¿Cuántos te has tomado?
- ¿Tres? - Dijo pensativa - O puede que hayan sido cuatro. No sé.
- Joder Aria, tanta cafeína no puede ser buena.
Soltó una risita histérica que supuse que sería por culpa de los cafés y me señaló la tablet que había en el compartimento de mi puerta para que la cogiera.
- Abre el mapa electrónico y ves indicándome, en unos veinte minutos llegaremos a la ciudad.
Sé lo que estáis pesando. ¿Cómo es posible que si salieron tan pronto hayan tardado tanto en llegar? Pues a ver, todo se resume en que Aria es de vejiga pequeña y yo tengo hambre a todas horas.
Así que entre que parábamos para hacer nuestras necesidades o para comprar comida en áreas de servicio y parábamos un rato para estirar los pies, llamar a papá o descansar, el viaje se nos alargó bastante.
Media hora después, por fin (con las vistas de un amanecer precioso) llegamos a la ciudad de San Diego, California.
Y Dios, menuda ciudad, menudas vistas y menudas palmeras. Era como una fantasía hecha realidad.
A Aria y a mí siempre nos había hecho mucha ilusión ir de viaje juntas, por que ya que no somos las típicas hermanas que se llevan mal, era una oportunidad para olvidarnos de todo y disfrutar.
Decidimos ir a San Diego por que, además de ser la ciudad natal de nuestra madre, nos parecía una de las ciudades más bonitas de toda California. Así que hace cosa de un año y medio empezamos a ahorrar para este viaje; yo haciendo pequeñas sesiones de fotos y Aria trabajando como camarera por las tardes al salir del instituto.
Tampoco éramos la típica familia a la que le sobraba el dinero pero tampoco nos faltaba, así que decidimos ir ahorrando por nuestra cuenta y si a eso le sumamos el dinero que nos dio papá, pudimos alquilar una pequeña casa en segunda línea de playa que por las fotos que vimos por internet, estaba bastante bien.
Tan sólo eran las nueve de la mañana, el día acababa de empezar y la ciudad ya estaba despierta. Sus calles empezaban a llenarse cada vez más con peatones y coches que andaban apresurados de aquí para allá.
Con el mapa electrónico de San Diego que teníamos en la tablet, fui indicándole a Aria por donde tenía que ir para poder llegar y a pesar de tener que parar para preguntar dónde estaba tal calle varias veces y pensar que estábamos perdidas otras tantas, conseguimos llegar.
Aparcamos la furgo en la plaza de aparcamiento  que tenía la casa justo delante y suspiramos, por fin.
Aria se desabrochó el cinturón y aplaudiendo como una niña pija bajó del coche. Yo no pude evitar reírme de ella, mira que era infantil. Saqué del bolso una de las copias de las llaves de la casa que el dueño nos envió por correo el mes pasado y bajé para reunirme de ella.
Estaba parada justo en frente de la casa, observándola con una sonrisa en la cara.
Me acerqué y le pasé el brazo por encima de los hombros para después suspirar. Mi hermana apoyó su cabeza en mi hombro y después me miró.
- Es más bonita que en las fotos - Me susurró con cierto brillo en los ojos.
Y tenía razón. La casa de dos pisos en la que viviríamos los próximos tres meses era preciosa.
La fachada era de color azul claro combinando el gris para las puertas de las ventanas y el tejado y el blanco para las escaleras de la entrada, el suelo y todos los bordes de la casa. Tenía un pequeño porche en la entrada que también era casi todo blanco y daba la vuelta a toda la puerta en el que ya me podía imaginar leyendo por las noches o tomando el sol por las mañanas. Para terminar, tenía una puerta de color marrón con un cristal en esta que dejaba pasar la luz y una pequeña persiana de las que se bajan tirando de una cuerdita.
- Toma, ves tú primero - Le entregué las llaves, Aria me sonrió y me dio el beso en la mejilla probablemente más sonoro del mundo.
- No me lo pidas dos veces - Exclamó ilusionada yendo a abrir la puerta.
Me limpié la mejilla simulando asco y me crucé de brazos sonriendo. Cuando Aria abrió la puerta, me miró y luego entró corriendo.
Antes de ir con ella, dos casas más abajo, pude ver un grupo de chicos saliendo con tablas de surf en dirección a la playa. Inconscientemente me mordí el labio y me entraron unas ganas inmensas de ir con ellos.
Al parecer, íbamos a tener las mejores vacaciones de la historia.
                              (....)
- ¿Qué tal este? - Aria salió del probadoe con un bikini de Triangl rosa claro de neopreno, con sus característicos bordes negros - Sí, este es el definitivo. Me hace un culo perfecto - Dijo con convicción, a lo que yo puse los ojos en blanco.
Este era el cuarto bikini que se probaba, sin contar los pareos y shorts anteriores.
- Me gusta más el mío - Le dije. Yo llevaba un bikini negro con la parte de arriba atada por delante en forma de lazo y la parte de abajo de talle alto con tiras separadas en los laterales de la cintura.
Después de instalarnos en la nueva casa, que por cierto, era impresionante; todo el suelo era de parquet, el salón-comedor estaba decorado con sillones blancos de tela, una mesa enorme y una gran ventana que dejaba pasar mucha luz. La cocina era blanca, con todos los electrodomésticos de última generación, y en el segundo piso había dos habitaciones, cada una con un armario, y un baño para las dos. Vamos, impresionante. Después de llamar a papá para informarle de todo, decidimos salir a inspeccionar la zona.
Resultó que al final de la calle, antes de llegar al paseo marítimo, había un kebab, varias hamburgueserías y restaurantes surferos. Decidimos que después de dar una vuelta por el paseo iríamos a comer al algún sitio de esos.
En el paseo también vimos varios restaurantes, zapaterías, heladerías y tiendas de ropa. Al final entramos en una tienda de bikinis y, cuarenta minutos, cinco bikinis y tres pareos después, aquí estábamos.
- Eso es por que tú eres una gótica de esas oscuras a las que le gustan la sangre y la muerte - Rió mi adorable hermana con ironía mientras volvía a mirar cómo le quedaba el bikini frente al espejo.
- Ja, ja - Rodé los ojos y entré en el provador para quitarme el bikini, pagarlo e irnos por fin - Cambiate y vámonos a comer, que me suenan las tripas.
- A ti siempre te suenan las tripas.
Solté una mini carcajada, me quité el bikini negro, que por cierto, aunque fuera mi color favorito no era gótica ni nada de eso, me puse la ropa anterior, fui a pagarlo y salí dejando que Aria saliera cinco minutos después con una bolsa en la mano.
Hacía un día precioso. Me arrepentía de haberme dejado la cámara en casa, adoraba hacer fotos. De hecho, era mi profesión. Estaba enamorada de la fotografía, me encantaba la idea de plasmar emociones al captar el simple gesto de algo o alguien en una imagen.
Volvimos por donde habíamos venido y entramos en un restaurante para surferos en primera línea de playa y nos sentamos en una de las mesas de fuera.
Encima de la mesa había dos cartas para elegir y cada una cogió una.
La verdad es que todo tenía muy buena pinta pero los....
- Buenos días chicas, ¿Qué vais a querer? - Nos preguntó una voz masculina desde arriba.
Levanté la cabeza de la carta y, al lado de la mesa, con una libreta y un boli en la mano, había un chico moreno vestido con un uniforme negro de camarero que nos sonreía de oreja a oreja a mi hermana y a mí.
- Eh... pues yo quiero una ensalada césar, porfa mm...
- Dylan. Podéis llamarme Dylan - Dijo sonriendo y apuntando la ensalada en la libreta. Parecía simpático, además no aparentaba ser más mayor que yo.
Me miró para que yo le dijese mi pedido.
- Eh... pues yo quiero una hamburguesa con patatas.
- Hmm, vale - Levantó la mirada de la libreta - ¿Bebidas?
- Agua.
- CocaCola.
- Vale chicas, no tardará mucho, lo prometo - Nos dijo por última vez antes de darse la vuelta y marcharse.
Aria y yo le observamos marcharse.
- Joder, que bueno está - Me susurró mi hermana para que solo yo lo oyera.
Yo me mordí el labio y la miré.
- Me gusta su mandíbula - Suspiré.
- No parece muy mayor, seguro que sabe por dónde hay que moverse para salir de fiesta.
- Si, pero no vamos a preguntárselo.
- Yo me lo pasaría bien con él.
- Ya, pero no vas a hacerlo.
- No me importaría que me...
- ¡Aria! - Exclamé haciendo que varias personas se giraran para mirarnos. No era plan que sufriera uno de sus vómitos verbales sobre lo bueno que estaba el camarero en un lugar público.
- ¿Qué? Eres una aburrida Jane.
Yo rodé los ojos. Era una aburrida por evitar que Aria espantara a los de la mesa de al lado con sus guarradas, claro que sí.
A los cinco minutos y a lo lejos vi como Dylan volvía a acercarse con una bandeja llena de comida hacia nuestra mesa y yo le di una patada a mi hermana por debajo de la mesa para que se estuviese callada.
- ¡Ay!
Nos dejó nuestros pedidos mientras nos sonreía divertido y volvió a marcharse diciendo un bonito "Que os aproveche"
Como hubiera escuchado algo de nuestra conversación me iba a morir de vergüenza.
Me comí mi ensalada y mis patatas en un tiempo récord, necesitaba irme a casa y tirarme en uno de los sofás del salón para descansar. Aún seguía cansada después de pasar toda la noche viajando.
Dylan volvió para darnos la cuenta y una sonrisa, que tampoco estaba de más. Pero antes de que pudiese marcharse Aria le interrumpió.
- ¡Espera Dylan! - Exclamó. Ay Dios.
Este se dio la vuelta con cara de interrogación y volvió.
- ¿Hay algo mal? - Le preguntó a Aria.
- No, no. Nada de eso - Hizo una pausa - Es que... somos nuevas en la ciudad y nos preguntábamos..
- Te preguntabas - Le interrumpí.
- Bueno, me preguntaba que si conocías algún sitio al que salir esta noche de fiesta o algo así - Finalizó.
Dylan me miró sonriendo pero sin enseñar los dientes y yo rodé los ojos con aire divertido. Se apoyó en la silla que nos separaba, pensativo.
- La verdad es que conozco uno genial, pero es un poco difícil para ir y hay que conocer el camino, asi que tendría que llevaros yo - Le contestó.
- Eso está hecho - Exclamó una emocionada y sonriente Aria - Por cierto, soy Aria, y esta es mi hermana Jane - Me señaló.
Asentí con la cabeza hacia Dylan y el me devolvió el gesto sonriendo.
- Encantado chicas. Tengo que volver pero... cómo lo hacemos ¿Os recojo o algo?
- Vivimos doblando la esquina, al principio de la calle, la casa azul pastel - Le expliqué yo.
- Perfecto, ¿ A las diez?
Aria asintió. Yo, sinceramente estaba flipando. Era un completo desconocido ¿Es que Aria no tenía cabeza? Un desconocido sexy, pero al fin y al cabo, un desconocido.
Intercambiamos los números con Dylan y se fue dejándonos solas.
Yo le eché una mala mirada a Aria.
- No me puedo creer que te haya dejado meterme en esto - Le reproché.
- Ya me lo agradecerás más tarde - Me dijo guiñándome un ojo divertida.
Yo sonreí ante su gesto. A lo mejor terminaba siendo un chico majo y se convertía en un buen amigo, algo que no nos vendría mal la verdad.
Teníamos que empezar a socializar con la gente de San Diego, lo llevaba claro.
Recogí y salí mientras Aria iba al baño, otra vez. Cuando decía que era de vejiga pequeña era por algo, bastaba un simple vaso de agua para que tuviera que ir. Muchas veces si lo miraba por el lado bueno eso podía jugar a mi favor.
Cinco minutos después Aria salió del restaurante con una expresión un poco extraña que no logré comprender y juntas nos volvimos a casa.
Mis planes para lo que quedaba de tarde eran: tirarme en el sofá, ver la tele y dormir y volver a ver la tele y mmm volver a dormir hasta que llegase Dylan.
Si al final todo salía bien esta noche, le compraría a Aria una tarrina de Ben & Jerry's que seguramente terminaría comiéndome yo.
Pero lo que menos esperaba era la noche que se nos venía encima.


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